sábado, 6 de abril de 2013
Lista de algún verano
Alimentar mi locura por orgullo.
Jugar una carrera sola y no dejarme ganar nunca.
Llenar de odio mi cabeza.
Llenar con recuerdos una jaula que era para mariposas.
Clavar banderas en el aire.
Cuestionar todo y no negar nada.
Buscar conclusiones sin armar hipótesis.
Buscar desilusión armando juegos de diferencias.
Dar amor en el anonimato y esperar aplausos.
Enviar sentimientos sin remitente y exigir una respuesta.
Mirarme desde afuera pero invertida.
Conocer el próximo segundo.
Jugar a que soy otra hasta que no soy ninguna.
Podar el árbol de las palabras para que crezca mejor.
Sonreír en soledad.
Enumerar cambios sin poder ver las causas.
No saber callar a la cabeza y olvidarme de dormir.
Callarme por orgullo.
Decirlo todo por impotencia.
Perder mi religión y ganar mi confianza.
Amar mi soledad mientras deseo la compañía.
Ensayar una expresión de sorpresa y darme cuenta de que voy a mentir.
Decir verdades en poesía y mentiras en excusas.
Ser espectadora pero terminar subiéndome al escenario y siendo parte de la farsa.
Confiar en que nadie me va a tomar en serio y reprochar la indiferencia.
Recordar una canción olvidada.
Sentir mi estómago y sospechar que se comió a mi corazón.
Llenar mi tiempo con cosas inútiles que creo útiles.
Buscar metáforas para todo y en todo una metáfora.
Esconder y negar todo mientras preparo mi Hiroshima.
Obligar a reír conmigo y no de mí.
Reírme siempre.
Llorar por todo y nada.
Entrenar sin saber si hay competencia.
Armar anagramas con recetas e instructivos.
Relacionar todo.
Esconder la sorpresa cuando es auténtica y darme cuenta de que estoy mintiendo.
Desarmar mi cabeza y siempre sin querer dejar alguna ficha fuera de lugar.
No conformarme con menos.
Armar una escenografía para mis sueños.
Mentirme en la sensación de que no hay nadie más, ni acá ni en tu cabeza.
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