domingo, 5 de julio de 2015

Invitado a las 18.54

Leyendo el diario del domingo
ella se interesa en una muestra
acerca del arte y la informática
combinadas, y se intriga
a medida que lee la columna especializada.
Mientras corren sus ojos por las palabras,
también corre por su mente
la idea de visitar la exposición
acompañada de alguien a quien le interese.
Tiene un solo candidato a quien invitar,
pero automáticamente cae en la cuenta
de que hace algun tiempo que ya no hablan
y simulan no interesarse
cada uno por el otro ni por nada relacionado.
Repiensa un invitado, sin embargo,
no logra encontrarlo.
Sigue soñando con estar a su lado
inventando los pasillos que no conoce
de un museo que acaba de googlear
después de leerlo y pronunciarlo mentalmente
(porque su lengua simplemente se trabaría
al darle un sonido a una intención vedada, casi prohibida).
Para colmo queda cerca de la casa
del candidato que no puede invitar
porque no puede interesar,
a pesar de los intentos repetidos
y la vergüenza abandonada.
Mientras piensa todo eso
siguen barriendo sus pupilas las palabras
de la tercer columna del artículo
aunque no llega a entender nada.
Levanta los ojos de pronto,
hacia veinte lineas más arriba
pensando que tal vez con un poco de tiempo
cambien las circunstancias tristes
y pueda proponerle al candidato ese paseo.
"Puede visitarse hasta hoy a las 19",
sentencia el maldito columnista poco previsor,
que se lo viene a decir justo ahora,
cuando faltan seis minutos
para que cierre la exposición.

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