Nito Cantero, con 81 años bien vividos de
edad y suficientes éxitos en su carrera teatral y musical, expresó sin ningún
escrúpulo ante los medios que para su próximo cumpleaños ordenaría la
organización de una fiesta en la que celebridades y expertos de diversas artes
y ciencias le rindieran homenaje por su descollante actividad. La periodista
que lo estaba entrevistando quedó atónita y, pensando que el señor estaba
desvariando a causa de la edad, emitió un titubeo, un corto chiste sutil e
inocente, y continuó con la siguiente pregunta.
En realidad Nito estaba en todos sus cabales
(o por lo menos, exponiendo sus reales intenciones). Todo el ambiente artístico
lo supo cuando recibieron una convocatoria colectiva a homenajear al genio que,
sin exagerar, había sido influencia para muchos de ellos. El repudio fue
general y, acusándolo de “viejo lunático, egoísta y exigente” (según se pudo
leer en la cuenta de Twitter de quien había sido hasta ese momento uno de sus
más adeptos seguidores) y otras hipérboles semejantes, se negaron a responder
al pedido de Nito.
El genio mantuvo su serenidad y no respondió
a las acusaciones, demostrando un temple de acero.
Cuatro meses después, cuando todo el país ya
había olvidado el incidente, se informó por todos los medios que Nito Cantero,
el ídolo popular, había fallecido a causa de un paro cardio-respiratorio. Las
masas no tardaron en manifestar sus condolencias a familiares y amigos. Las
redes sociales estallaron en frases lacrimógenas. Ese mismo día se realizaron
en diversos puntos del país efusivos actos en recuerdo al preciado actor y
cantautor. Se decía que debido al deterioro de su salud su rostro estaba
irreconocible. Para salvaguardar el recuerdo de sus fans, el funeral se realizó
a cajón cerrado.
Una semana después, los diarios, los
programas de televisión y radio volvieron a estallar en relación a Nito, esta
vez debido a un escándalo: había sido visto sentado en un célebre bar del
centro, tomando un café y escribiendo. A la pregunta de un periodista respondió
que estaba trabajando en un ensayo que titularía “Elogio de la muerte”.
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