Todo es lo que debe ser y está en su lugar. Pero en cualquier momento, la secuencia normal se interrumpe, los pensamientos dominan a los hechos y a las cosas, y ya nada será lo mismo.
Hierve el agua en la pava. Silba, quiere llamar la atención con su voz, promete dulzura. Libera vapor en formas danzantes y llamativas. Calor de pulóver para el alma y las vísceras, abrazo tan necesario...
La pava deja de ser una pava por una milésima de segundo. Recobra su forma anterior cuando decido apartarte de mis pensamientos. El genio vuelve a introducirse en ella, que, cual lámpara mágica, de inmediato vuelve a ser un simple objeto inanimado, carente de todo poder.
Es habitual, hay que convivir con esas interrupciones en el hilo normal del pensamiento. Parecen videogramas de otras películas intercalados cuidadosamente en una cinta.
El problema se gesta de a poco, y comienza a manifestarse cuando el botón de mi saco no es un botón cualquiera, porque se parece al del saco que usabas.
Y la línea de colectivo que pasa por mi calle no es sólo una línea de colectivo, no es un recorrido más, es el recorrido que vos hacías. La costumbre de mirar adentro a través de las ventanillas se volvió difícil de eliminar, aun cuando sé perfectamente que ya no lo tomás.
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| Ideas continuas, por Nadia Russo, disparador de este texto. https://www.facebook.com/lamireyamemira |

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