domingo, 8 de enero de 2017
Lotería
No fue miedo a que lo señalaran con el dedo o a que lo asaltaran. No le temía a la envidia ni a que fuese visto como un vago jugador. Sin embargo, no fue a retirar su premio cuando ganó la lotería después de veinte años de apuestas. El día de cobro se dio cuenta que no tenía ningún sueño en qué gastarlo.
sábado, 16 de julio de 2016
Puertas
Hablaban en los umbrales de las puertas
como una manera de defenderse del espacio del otro,
de no entrar a la zona de confort ajena,
de no salir de la propia.
No ponerse en evidencia.
Tal vez era una metáfora no planeada
acerca de respetar los espacios,
acerca de no invadirse,
de seguir siendo individuales.
Pero también,
no cruzar la puerta
era no salir de la soledad.
En todo eso pensaban
y nada de eso decían
cuando se jubiló el último fabricante de puertas
y murió de hambre el último cerrajero.
como una manera de defenderse del espacio del otro,
de no entrar a la zona de confort ajena,
de no salir de la propia.
No ponerse en evidencia.
Tal vez era una metáfora no planeada
acerca de respetar los espacios,
acerca de no invadirse,
de seguir siendo individuales.
Pero también,
no cruzar la puerta
era no salir de la soledad.
En todo eso pensaban
y nada de eso decían
cuando se jubiló el último fabricante de puertas
y murió de hambre el último cerrajero.
miércoles, 25 de mayo de 2016
Estoy empachada de poesía
Recién un gato blanco cruzó el jardín corriendo.
Un día normal sería sólo eso,
o a lo sumo el animal más perfecto
haciendo su visita fugaz para deteriorarnos los ojos.
Pero hoy, estoy empachada de poesía.
Y se me ocurre que vi pasar una metáfora
de la hoja en blanco, seductora y esquiva.
Y no sólo un gato blanco corriendo.
Pensarás que esto es un vómito verbal
y es probable que estés en lo cierto.
Escucho Radiohead como si fuera jarabe
para atrasar la cura y que perdure el efecto.
Si yo pudiera viviría empachada, borracha,
de esta poesía liviana e impertinente.
En esta rebeldía no nos importa que no la entiendas.
No la hacemos para eso,
queremos jugar,
ver pasar gatos como hojas,
respirar perfumes como recuerdos,
escuchar canciones como remedios
y tomarnos para todo el tiempo.
El ovillo de las ideas no se desenreda solo,
y qué bien que me hace cuando gira libre el carretel.
Por eso me importa poco que no me entiendas
o que busques analogías o interpretaciones secretas
o que pienses que pierdo el tiempo,
que mis ritmos no sirven para este mundo complejo.
Dame un par de días más de pensamientos
y en una de esas, desenredo el cielo.
Un día normal sería sólo eso,
o a lo sumo el animal más perfecto
haciendo su visita fugaz para deteriorarnos los ojos.
Pero hoy, estoy empachada de poesía.
Y se me ocurre que vi pasar una metáfora
de la hoja en blanco, seductora y esquiva.
Y no sólo un gato blanco corriendo.
Pensarás que esto es un vómito verbal
y es probable que estés en lo cierto.
Escucho Radiohead como si fuera jarabe
para atrasar la cura y que perdure el efecto.
Si yo pudiera viviría empachada, borracha,
de esta poesía liviana e impertinente.
En esta rebeldía no nos importa que no la entiendas.
No la hacemos para eso,
queremos jugar,
ver pasar gatos como hojas,
respirar perfumes como recuerdos,
escuchar canciones como remedios
y tomarnos para todo el tiempo.
El ovillo de las ideas no se desenreda solo,
y qué bien que me hace cuando gira libre el carretel.
Por eso me importa poco que no me entiendas
o que busques analogías o interpretaciones secretas
o que pienses que pierdo el tiempo,
que mis ritmos no sirven para este mundo complejo.
Dame un par de días más de pensamientos
y en una de esas, desenredo el cielo.
domingo, 20 de marzo de 2016
Roto
Cuentas sueltas, nos hemos desarmado. Apenas recordamos lo que solíamos ser.
Medios armados, medios inciertos, somos una masa que no termina de ser. Tratamos de resultar útiles, pero no podemos, hasta tanto no sepamos qué queremos ser.
Cuentas desparramadas, collar roto, juguete roto, pulsera rota, adorno roto. No sabemos qué fuimos. No sabemos qué queremos ser. Sólo materia prima, carente de idea, sin sueño. Si tuviésemos un sueño, por lo menos, intentaríamos serlo.
Mientras unos nos construyen, otros nos alteran. Somos el edificio levantado sin plano, el proyecto llevado a cabo sin plan de acción.
Mientras unos nos construyen, otros nos alteran, otros nos hacen temblar, otros nos demuelen.
Sólo quedamos el aserrín, los escombros, la resaca. El recuerdo casi nulo del sueño que recién terminó. Materia prima para lo que vuelve a comenzar.
(Resultado de ejercicio de Escritura en el Konex, 28 de enero de 2016.)
Medios armados, medios inciertos, somos una masa que no termina de ser. Tratamos de resultar útiles, pero no podemos, hasta tanto no sepamos qué queremos ser.
Cuentas desparramadas, collar roto, juguete roto, pulsera rota, adorno roto. No sabemos qué fuimos. No sabemos qué queremos ser. Sólo materia prima, carente de idea, sin sueño. Si tuviésemos un sueño, por lo menos, intentaríamos serlo.
Mientras unos nos construyen, otros nos alteran. Somos el edificio levantado sin plano, el proyecto llevado a cabo sin plan de acción.
Mientras unos nos construyen, otros nos alteran, otros nos hacen temblar, otros nos demuelen.
Sólo quedamos el aserrín, los escombros, la resaca. El recuerdo casi nulo del sueño que recién terminó. Materia prima para lo que vuelve a comenzar.
(Resultado de ejercicio de Escritura en el Konex, 28 de enero de 2016.)
domingo, 13 de diciembre de 2015
El nieto de la directora
El
nieto de la directora vivía en Parques Verdes igual que yo, que Lucas y casi
todos los chicos de sala roja. Pero iba y venía del jardín en colectivo. Todos
los días cuando nos venían a buscar él se quedaba hasta que nos habíamos ido
todos. Un día que mamá vino tarde porque se le había roto la computadora del
trabajo lo vi. Se quedó sentado solo en el pasillo de la entrada, al lado de la
dirección, hasta que salió la abuela y se lo llevó.
- La directora lleva al nieto en colectivo porque dice que así conoce el mundo, que "sale de la burbuja". A mí me parece cualquiera -le escuché decir a mi mamá mientras tomaba el té con la mamá de Lucas.
- Nos quiere hacer quedar a todas como unas tontas. Pero eso no es bueno para Dieguito, es peligroso. - dijo ella.
Ese día se me grabó el nombre, porque para mí era "el nieto de la directora". Era callado, siempre jugaba solo, no se acercaba a ningún grupo ni tampoco nadie se acercaba a él. No llevaba juguetes lindos al jardín. Pero yo había visto que tenía el auto robot un día que pasé por la casa y estaba en la vereda. Mi mamá decía que la abuela no le dejaba llevarlos para que no se los roben. "Y más vale", yo pensé. Yo le hubiese robado el auto.
Cuando le dije a Lucas que el nieto de la directora tenía un auto robot azul, de esos de luces, que dan la propaganda cuando vemos los dibujitos, abrió la boca y los ojos grandotes. Al día siguiente fue al arenero, donde siempre estaba Diego, y le preguntó por qué no traía el auto robot al jardín. Le respondió que era de su primo Gustavo y que sólo se lo prestaba cuando venía de visita. Entonces nosotros nos fuimos a las hamacas. Diego quedó solo, como siempre. Jugaba solo, caminaba solo, adentro del jardín. Afuera iba de la mano de la directora.
Le conté a mi mamá y me dijo que los nenes repiten como lorito lo que les dicen que digan, o algo así. No entendí bien. Debe ser porque yo también soy un nene. Me molesta cuando mamá habla así. Parece que hablara con la mamá de Lucas, pero me está hablando a mí.
- Ese nene, encima de egoísta y caprichoso, va a ser un mentiroso. - le escuché decir a mi mamá después, cuando vino la mamá de Lucas y se pusieron a hablar de la directora.
Nadie lo quería a Diego. Por eso estaba siempre solo y nadie se puso triste cuando lo encontraron muerto abajo de la arena. Ya habíamos saludado a la seño para irnos a casa pero cerró la puerta de la salita y no nos dejó salir. Estaba pálida. No quería que miremos por la ventana. Se escuchaban gritos de varias seños y la directora no paraba de llorar.
Miré a Lucas. Justo me estaba mirando con los ojos re abiertos. Le hice señas de "shh" con el dedo, para que no hablara.
Las seños no nos querían decir nada. Nos vinieron a buscar nuestros papás y después mi mamá me explicó que gritaban porque habían encontrado a Dieguito muerto y que eso es muy feo y que nadie sabe nada pero que es un escándalo y que capaz como le pasó al nieto de la directora ahora se iban a fijar más lo que pasa en el parque.
Al día siguiente no fuimos al jardín. Lucas vino a mi casa y jugamos en el patio. La mamá dijo que estaba muy callado y que era mejor que jugáramos para no pensar en el pobre de Dieguito.
- Mamá me dijo que Diego se fue al cielo. -me contó después de un rato largo sin hablarme mientras jugaba con dos autitos.
- No le dijiste nada, ¿no? –le pregunté.
Se puso a llorar.
Juramos que iba a ser un secreto que le habíamos hecho comer arena y lo habíamos enterrado. No nos dimos cuenta de que se moría. No estaba mal porque él era malo pero si se enteraban nos iban a retar mucho. Lucas dejó de llorar y los dos pusimos los dedos en forma de cruz sobre los labios y dijimos "prometido". Ese fue nuestro secreto de mejores amigos.
Cuando volvimos al jardín todas las maestras parecían tristes. Vino una directora nueva. A la otra no la vimos más. No se notó que no estaba más Dieguito. Nadie lo quería.
- La directora lleva al nieto en colectivo porque dice que así conoce el mundo, que "sale de la burbuja". A mí me parece cualquiera -le escuché decir a mi mamá mientras tomaba el té con la mamá de Lucas.
- Nos quiere hacer quedar a todas como unas tontas. Pero eso no es bueno para Dieguito, es peligroso. - dijo ella.
Ese día se me grabó el nombre, porque para mí era "el nieto de la directora". Era callado, siempre jugaba solo, no se acercaba a ningún grupo ni tampoco nadie se acercaba a él. No llevaba juguetes lindos al jardín. Pero yo había visto que tenía el auto robot un día que pasé por la casa y estaba en la vereda. Mi mamá decía que la abuela no le dejaba llevarlos para que no se los roben. "Y más vale", yo pensé. Yo le hubiese robado el auto.
Cuando le dije a Lucas que el nieto de la directora tenía un auto robot azul, de esos de luces, que dan la propaganda cuando vemos los dibujitos, abrió la boca y los ojos grandotes. Al día siguiente fue al arenero, donde siempre estaba Diego, y le preguntó por qué no traía el auto robot al jardín. Le respondió que era de su primo Gustavo y que sólo se lo prestaba cuando venía de visita. Entonces nosotros nos fuimos a las hamacas. Diego quedó solo, como siempre. Jugaba solo, caminaba solo, adentro del jardín. Afuera iba de la mano de la directora.
Le conté a mi mamá y me dijo que los nenes repiten como lorito lo que les dicen que digan, o algo así. No entendí bien. Debe ser porque yo también soy un nene. Me molesta cuando mamá habla así. Parece que hablara con la mamá de Lucas, pero me está hablando a mí.
- Ese nene, encima de egoísta y caprichoso, va a ser un mentiroso. - le escuché decir a mi mamá después, cuando vino la mamá de Lucas y se pusieron a hablar de la directora.
Nadie lo quería a Diego. Por eso estaba siempre solo y nadie se puso triste cuando lo encontraron muerto abajo de la arena. Ya habíamos saludado a la seño para irnos a casa pero cerró la puerta de la salita y no nos dejó salir. Estaba pálida. No quería que miremos por la ventana. Se escuchaban gritos de varias seños y la directora no paraba de llorar.
Miré a Lucas. Justo me estaba mirando con los ojos re abiertos. Le hice señas de "shh" con el dedo, para que no hablara.
Las seños no nos querían decir nada. Nos vinieron a buscar nuestros papás y después mi mamá me explicó que gritaban porque habían encontrado a Dieguito muerto y que eso es muy feo y que nadie sabe nada pero que es un escándalo y que capaz como le pasó al nieto de la directora ahora se iban a fijar más lo que pasa en el parque.
Al día siguiente no fuimos al jardín. Lucas vino a mi casa y jugamos en el patio. La mamá dijo que estaba muy callado y que era mejor que jugáramos para no pensar en el pobre de Dieguito.
- Mamá me dijo que Diego se fue al cielo. -me contó después de un rato largo sin hablarme mientras jugaba con dos autitos.
- No le dijiste nada, ¿no? –le pregunté.
Se puso a llorar.
Juramos que iba a ser un secreto que le habíamos hecho comer arena y lo habíamos enterrado. No nos dimos cuenta de que se moría. No estaba mal porque él era malo pero si se enteraban nos iban a retar mucho. Lucas dejó de llorar y los dos pusimos los dedos en forma de cruz sobre los labios y dijimos "prometido". Ese fue nuestro secreto de mejores amigos.
Cuando volvimos al jardín todas las maestras parecían tristes. Vino una directora nueva. A la otra no la vimos más. No se notó que no estaba más Dieguito. Nadie lo quería.
martes, 8 de diciembre de 2015
Lo que estuve tratando de explicarte
No vayamos
a lugares especiales, vamos a un sitio común y volvámoslo especial. Es lo que
estuve tratando de explicarte.
No
intentemos hacer cosas extraordinarias, hagamos cosas cotidianas de una forma
extraordinaria. Eso es lo realmente extraordinario. Rompamos todas las reglas,
sobre todo esas que nadie impuso pero todos respetan.
Digamos
cosas sin sentido. Miremos el mundo como si fuera una fotografía en movimiento.
Busquemos la belleza en lo simple, inventemos nuestro propio sentido estético.
Actuemos
como nenes, como inmaduros, como locos. No crezcamos nunca.
Hablemos,
hablemos, hablemos. Amemos las palabras. Inventemos neologismos. Comparemos lo
que decimos con lo que queremos decir. Discutamos. Matémonos verbalmente, en
una comunión risueña.
Somos
poderosos, creámoslo. Midamos las pequeñas acciones, observemos la caída de la
primera ficha de dominó de la fila, hagamos viento. Admirémoslo. Inventemos un
mundo. Soñemos, planiemos, adoremos lo que otros soñaron y que hoy nos rodea.
Aspiremos a eso. Tengamos la seguridad, hecha religión, de que vamos a dejar
nuestra huella... si no puede ser en la tierra, al menos en nuestra mente, y
nuestros corazones.
Mirémonos
a los ojos y tratemos de comunicarnos. Riámonos de todo. Saquémonos la
vergüenza. Animate a agarrarme de la mano y sentir mi corazón. Es lo que estuve
tratando de explicarte.
Leeme
entre líneas. Hagamos escritura automática, digamos lo primero que se nos
ocurre, tiremos pensamientos en bruto arriba de la mesa, hagamos una obra de
arte. Es lo que estuve tratando de explicarte.
Bailemos
sin seguir ningún paso, cantemos desafinando pero con toda el alma, hagamos
ruido, gritemos.
Vivamos
en una comedia musical. Vayamos a cualquier lado y conquistémoslo como si nadie
hubiese estado allí antes que nosotros. Amemos. Soñemos. Vivamos. Creamos.
Seamos felices. Clavame los ojos y no permitas que te baje la mirada. Agarrame
la cara y desafiame.
Caminemos,
corramos, volemos. Se nos van a debilitar los músculos pero se fortalecerán
esas alas atrofiadas. No nos preocupemos por el suelo, total tenemos un ancla
atada a cada pierna. Subamos cuanto podamos, acerquémonos a ese sol. No
permitamos que nos tiren abajo.
Hagamos
nuestros propios tiempos, saboreemos cada instante, y que los relojes sigan, no
los necesitamos. ¿Qué nos importan los tiempos del mundo, si esto nos incumbe a
vos y a mí? Eso es lo que estuve tratando de explicarte.
Vivamos
mientras podamos. Volemos lo que dura este segundo de alegría.
jueves, 12 de noviembre de 2015
El final de las cosas
Tienen
algo en común una prenda harapienta, un envoltorio de caramelo, una anotación
ayudamemoria en una hoja de papel, una fruta pasada. Todos van a parar al mismo
lugar, como si fuera la esencia, el fin último inherente a ellos mismos.
Basura,
desecho, desperdicio, residuo. Para un estudioso de la teoría del costo se
diferencian unos de otros. Para las cosas en sí mismas son todos sinónimos.
Todas terminan siendo lo mismo. No importa cuál es la idea del creador de cada
objeto, ninguno puede durar eternamente. Se vuelve caduco, obsoleto,
desgastado, como una acción que se realiza, se consume y queda como un mero
recuerdo.
La
basura es el recuerdo de las cosas que alguna vez fueron útiles. Se puede
embolsar, ocultar, tapar su mal olor, cambiar de lugar, dejar en la calle para
que la lleven, enterrar, incinerar, comprimir. La basura y los recuerdos se pueden
reducir, podemos dejar de verlos, de olerlos o sentirlos de cualquier modo.
Pero inevitable e indudablemente en algún lado estarán los átomos que componen
la primera, los pensamientos que crearon los segundos.
La
basura es la sombra perpetua de todas las cosas. Todo lo que nos rodea, y aún
nosotros mismos (por crudo que suene) sabemos que terminaremos en un montón de
residuos deformes, irreconocibles, como prueba irrefutable de que alguna vez
algo, alguien, existió.
No es
ninguna novedad que nada se gana ni se pierde, todo se transforma. ¿Qué pasa si
el todo no es más que materia prima para el desarrollo y posterior deterioro?
El todo puede ser el ingrediente principal para el fracaso general. Y todo será
sólo ese fracaso, esa basura, esa nada en utilidad, puro recuerdo.
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