Cuentas sueltas, nos hemos desarmado. Apenas recordamos lo que solíamos ser.
Medios armados, medios inciertos, somos una masa que no termina de ser. Tratamos de resultar útiles, pero no podemos, hasta tanto no sepamos qué queremos ser.
Cuentas desparramadas, collar roto, juguete roto, pulsera rota, adorno roto. No sabemos qué fuimos. No sabemos qué queremos ser. Sólo materia prima, carente de idea, sin sueño. Si tuviésemos un sueño, por lo menos, intentaríamos serlo.
Mientras unos nos construyen, otros nos alteran. Somos el edificio levantado sin plano, el proyecto llevado a cabo sin plan de acción.
Mientras unos nos construyen, otros nos alteran, otros nos hacen temblar, otros nos demuelen.
Sólo quedamos el aserrín, los escombros, la resaca. El recuerdo casi nulo del sueño que recién terminó. Materia prima para lo que vuelve a comenzar.
(Resultado de ejercicio de Escritura en el Konex, 28 de enero de 2016.)
domingo, 20 de marzo de 2016
domingo, 13 de diciembre de 2015
El nieto de la directora
El
nieto de la directora vivía en Parques Verdes igual que yo, que Lucas y casi
todos los chicos de sala roja. Pero iba y venía del jardín en colectivo. Todos
los días cuando nos venían a buscar él se quedaba hasta que nos habíamos ido
todos. Un día que mamá vino tarde porque se le había roto la computadora del
trabajo lo vi. Se quedó sentado solo en el pasillo de la entrada, al lado de la
dirección, hasta que salió la abuela y se lo llevó.
- La directora lleva al nieto en colectivo porque dice que así conoce el mundo, que "sale de la burbuja". A mí me parece cualquiera -le escuché decir a mi mamá mientras tomaba el té con la mamá de Lucas.
- Nos quiere hacer quedar a todas como unas tontas. Pero eso no es bueno para Dieguito, es peligroso. - dijo ella.
Ese día se me grabó el nombre, porque para mí era "el nieto de la directora". Era callado, siempre jugaba solo, no se acercaba a ningún grupo ni tampoco nadie se acercaba a él. No llevaba juguetes lindos al jardín. Pero yo había visto que tenía el auto robot un día que pasé por la casa y estaba en la vereda. Mi mamá decía que la abuela no le dejaba llevarlos para que no se los roben. "Y más vale", yo pensé. Yo le hubiese robado el auto.
Cuando le dije a Lucas que el nieto de la directora tenía un auto robot azul, de esos de luces, que dan la propaganda cuando vemos los dibujitos, abrió la boca y los ojos grandotes. Al día siguiente fue al arenero, donde siempre estaba Diego, y le preguntó por qué no traía el auto robot al jardín. Le respondió que era de su primo Gustavo y que sólo se lo prestaba cuando venía de visita. Entonces nosotros nos fuimos a las hamacas. Diego quedó solo, como siempre. Jugaba solo, caminaba solo, adentro del jardín. Afuera iba de la mano de la directora.
Le conté a mi mamá y me dijo que los nenes repiten como lorito lo que les dicen que digan, o algo así. No entendí bien. Debe ser porque yo también soy un nene. Me molesta cuando mamá habla así. Parece que hablara con la mamá de Lucas, pero me está hablando a mí.
- Ese nene, encima de egoísta y caprichoso, va a ser un mentiroso. - le escuché decir a mi mamá después, cuando vino la mamá de Lucas y se pusieron a hablar de la directora.
Nadie lo quería a Diego. Por eso estaba siempre solo y nadie se puso triste cuando lo encontraron muerto abajo de la arena. Ya habíamos saludado a la seño para irnos a casa pero cerró la puerta de la salita y no nos dejó salir. Estaba pálida. No quería que miremos por la ventana. Se escuchaban gritos de varias seños y la directora no paraba de llorar.
Miré a Lucas. Justo me estaba mirando con los ojos re abiertos. Le hice señas de "shh" con el dedo, para que no hablara.
Las seños no nos querían decir nada. Nos vinieron a buscar nuestros papás y después mi mamá me explicó que gritaban porque habían encontrado a Dieguito muerto y que eso es muy feo y que nadie sabe nada pero que es un escándalo y que capaz como le pasó al nieto de la directora ahora se iban a fijar más lo que pasa en el parque.
Al día siguiente no fuimos al jardín. Lucas vino a mi casa y jugamos en el patio. La mamá dijo que estaba muy callado y que era mejor que jugáramos para no pensar en el pobre de Dieguito.
- Mamá me dijo que Diego se fue al cielo. -me contó después de un rato largo sin hablarme mientras jugaba con dos autitos.
- No le dijiste nada, ¿no? –le pregunté.
Se puso a llorar.
Juramos que iba a ser un secreto que le habíamos hecho comer arena y lo habíamos enterrado. No nos dimos cuenta de que se moría. No estaba mal porque él era malo pero si se enteraban nos iban a retar mucho. Lucas dejó de llorar y los dos pusimos los dedos en forma de cruz sobre los labios y dijimos "prometido". Ese fue nuestro secreto de mejores amigos.
Cuando volvimos al jardín todas las maestras parecían tristes. Vino una directora nueva. A la otra no la vimos más. No se notó que no estaba más Dieguito. Nadie lo quería.
- La directora lleva al nieto en colectivo porque dice que así conoce el mundo, que "sale de la burbuja". A mí me parece cualquiera -le escuché decir a mi mamá mientras tomaba el té con la mamá de Lucas.
- Nos quiere hacer quedar a todas como unas tontas. Pero eso no es bueno para Dieguito, es peligroso. - dijo ella.
Ese día se me grabó el nombre, porque para mí era "el nieto de la directora". Era callado, siempre jugaba solo, no se acercaba a ningún grupo ni tampoco nadie se acercaba a él. No llevaba juguetes lindos al jardín. Pero yo había visto que tenía el auto robot un día que pasé por la casa y estaba en la vereda. Mi mamá decía que la abuela no le dejaba llevarlos para que no se los roben. "Y más vale", yo pensé. Yo le hubiese robado el auto.
Cuando le dije a Lucas que el nieto de la directora tenía un auto robot azul, de esos de luces, que dan la propaganda cuando vemos los dibujitos, abrió la boca y los ojos grandotes. Al día siguiente fue al arenero, donde siempre estaba Diego, y le preguntó por qué no traía el auto robot al jardín. Le respondió que era de su primo Gustavo y que sólo se lo prestaba cuando venía de visita. Entonces nosotros nos fuimos a las hamacas. Diego quedó solo, como siempre. Jugaba solo, caminaba solo, adentro del jardín. Afuera iba de la mano de la directora.
Le conté a mi mamá y me dijo que los nenes repiten como lorito lo que les dicen que digan, o algo así. No entendí bien. Debe ser porque yo también soy un nene. Me molesta cuando mamá habla así. Parece que hablara con la mamá de Lucas, pero me está hablando a mí.
- Ese nene, encima de egoísta y caprichoso, va a ser un mentiroso. - le escuché decir a mi mamá después, cuando vino la mamá de Lucas y se pusieron a hablar de la directora.
Nadie lo quería a Diego. Por eso estaba siempre solo y nadie se puso triste cuando lo encontraron muerto abajo de la arena. Ya habíamos saludado a la seño para irnos a casa pero cerró la puerta de la salita y no nos dejó salir. Estaba pálida. No quería que miremos por la ventana. Se escuchaban gritos de varias seños y la directora no paraba de llorar.
Miré a Lucas. Justo me estaba mirando con los ojos re abiertos. Le hice señas de "shh" con el dedo, para que no hablara.
Las seños no nos querían decir nada. Nos vinieron a buscar nuestros papás y después mi mamá me explicó que gritaban porque habían encontrado a Dieguito muerto y que eso es muy feo y que nadie sabe nada pero que es un escándalo y que capaz como le pasó al nieto de la directora ahora se iban a fijar más lo que pasa en el parque.
Al día siguiente no fuimos al jardín. Lucas vino a mi casa y jugamos en el patio. La mamá dijo que estaba muy callado y que era mejor que jugáramos para no pensar en el pobre de Dieguito.
- Mamá me dijo que Diego se fue al cielo. -me contó después de un rato largo sin hablarme mientras jugaba con dos autitos.
- No le dijiste nada, ¿no? –le pregunté.
Se puso a llorar.
Juramos que iba a ser un secreto que le habíamos hecho comer arena y lo habíamos enterrado. No nos dimos cuenta de que se moría. No estaba mal porque él era malo pero si se enteraban nos iban a retar mucho. Lucas dejó de llorar y los dos pusimos los dedos en forma de cruz sobre los labios y dijimos "prometido". Ese fue nuestro secreto de mejores amigos.
Cuando volvimos al jardín todas las maestras parecían tristes. Vino una directora nueva. A la otra no la vimos más. No se notó que no estaba más Dieguito. Nadie lo quería.
martes, 8 de diciembre de 2015
Lo que estuve tratando de explicarte
No vayamos
a lugares especiales, vamos a un sitio común y volvámoslo especial. Es lo que
estuve tratando de explicarte.
No
intentemos hacer cosas extraordinarias, hagamos cosas cotidianas de una forma
extraordinaria. Eso es lo realmente extraordinario. Rompamos todas las reglas,
sobre todo esas que nadie impuso pero todos respetan.
Digamos
cosas sin sentido. Miremos el mundo como si fuera una fotografía en movimiento.
Busquemos la belleza en lo simple, inventemos nuestro propio sentido estético.
Actuemos
como nenes, como inmaduros, como locos. No crezcamos nunca.
Hablemos,
hablemos, hablemos. Amemos las palabras. Inventemos neologismos. Comparemos lo
que decimos con lo que queremos decir. Discutamos. Matémonos verbalmente, en
una comunión risueña.
Somos
poderosos, creámoslo. Midamos las pequeñas acciones, observemos la caída de la
primera ficha de dominó de la fila, hagamos viento. Admirémoslo. Inventemos un
mundo. Soñemos, planiemos, adoremos lo que otros soñaron y que hoy nos rodea.
Aspiremos a eso. Tengamos la seguridad, hecha religión, de que vamos a dejar
nuestra huella... si no puede ser en la tierra, al menos en nuestra mente, y
nuestros corazones.
Mirémonos
a los ojos y tratemos de comunicarnos. Riámonos de todo. Saquémonos la
vergüenza. Animate a agarrarme de la mano y sentir mi corazón. Es lo que estuve
tratando de explicarte.
Leeme
entre líneas. Hagamos escritura automática, digamos lo primero que se nos
ocurre, tiremos pensamientos en bruto arriba de la mesa, hagamos una obra de
arte. Es lo que estuve tratando de explicarte.
Bailemos
sin seguir ningún paso, cantemos desafinando pero con toda el alma, hagamos
ruido, gritemos.
Vivamos
en una comedia musical. Vayamos a cualquier lado y conquistémoslo como si nadie
hubiese estado allí antes que nosotros. Amemos. Soñemos. Vivamos. Creamos.
Seamos felices. Clavame los ojos y no permitas que te baje la mirada. Agarrame
la cara y desafiame.
Caminemos,
corramos, volemos. Se nos van a debilitar los músculos pero se fortalecerán
esas alas atrofiadas. No nos preocupemos por el suelo, total tenemos un ancla
atada a cada pierna. Subamos cuanto podamos, acerquémonos a ese sol. No
permitamos que nos tiren abajo.
Hagamos
nuestros propios tiempos, saboreemos cada instante, y que los relojes sigan, no
los necesitamos. ¿Qué nos importan los tiempos del mundo, si esto nos incumbe a
vos y a mí? Eso es lo que estuve tratando de explicarte.
Vivamos
mientras podamos. Volemos lo que dura este segundo de alegría.
jueves, 12 de noviembre de 2015
El final de las cosas
Tienen
algo en común una prenda harapienta, un envoltorio de caramelo, una anotación
ayudamemoria en una hoja de papel, una fruta pasada. Todos van a parar al mismo
lugar, como si fuera la esencia, el fin último inherente a ellos mismos.
Basura,
desecho, desperdicio, residuo. Para un estudioso de la teoría del costo se
diferencian unos de otros. Para las cosas en sí mismas son todos sinónimos.
Todas terminan siendo lo mismo. No importa cuál es la idea del creador de cada
objeto, ninguno puede durar eternamente. Se vuelve caduco, obsoleto,
desgastado, como una acción que se realiza, se consume y queda como un mero
recuerdo.
La
basura es el recuerdo de las cosas que alguna vez fueron útiles. Se puede
embolsar, ocultar, tapar su mal olor, cambiar de lugar, dejar en la calle para
que la lleven, enterrar, incinerar, comprimir. La basura y los recuerdos se pueden
reducir, podemos dejar de verlos, de olerlos o sentirlos de cualquier modo.
Pero inevitable e indudablemente en algún lado estarán los átomos que componen
la primera, los pensamientos que crearon los segundos.
La
basura es la sombra perpetua de todas las cosas. Todo lo que nos rodea, y aún
nosotros mismos (por crudo que suene) sabemos que terminaremos en un montón de
residuos deformes, irreconocibles, como prueba irrefutable de que alguna vez
algo, alguien, existió.
No es
ninguna novedad que nada se gana ni se pierde, todo se transforma. ¿Qué pasa si
el todo no es más que materia prima para el desarrollo y posterior deterioro?
El todo puede ser el ingrediente principal para el fracaso general. Y todo será
sólo ese fracaso, esa basura, esa nada en utilidad, puro recuerdo.
lunes, 5 de octubre de 2015
Pensamientos de un ateo agonizando
En
el lecho de muerte, una cama abandonada en algún hospital público, un anciano
decrépito agoniza inhalando y exhalando con dificultad. Su cuerpo ya fue
entregado al dolor y el esfuerzo. Su mente es lo único que conserva. Tiene
miedo, no por la vida que está perdiendo sino por lo que aún le queda por
vivir, según las palabras del sacerdote que le da la extrema unción. Escucha
con temor, y no es la primera vez, que hay vida después de la muerte. Ese no es
el fin. Aún no. ¿Cuánto tendrá que seguir luchando? Ya no escucha al sacerdote
sino que piensa en todas las posibilidades que a lo largo de sus 82 años ha
leído o escuchado. Ahora llega el momento de saber por cuál de los caminos será
arrastrada su alma. Tal vez se convierta en fantasma y permanezca vagando por
el planeta o el universo sin poder olvidar. Verá con claridad todas las
atrocidades del mundo. Estará solo y no podrá hacer nada ya. No cree que los
fantasmas tengan dones mágicos para interferir en la vida humana.
Tal
vez renazca en forma de planta. ¿Cuántos años será un vegetal, incapaz de
moverse, de conocer el exterior a través de los cinco sentidos a los que ya se
ha habituado? En su agonía piensa que el tiempo es relativo. Tanto si se
convierte en un alerce o un rosal, sus nuevos sentidos serán engendrados junto
con él y no recordará otra manera de comprender el mundo. No entenderá el paso
del tiempo, sino a través de las estaciones. ¿Sentirán dolor las plantas? Los
riesgos de ser un vegetal y morir en manos de las inclemencias del tiempo, de
máquinas humanas horrorosas que lo toparán sin piedad, o en las fauces de un
animal que se lo apropia para su subsistencia, los siente tan reales a causa de
la fiebre que al volver a caer en la cuenta de su humanidad, trata de
"definir" rápidamente otra alternativa.
Por
lo menos siendo un animal conservaría, salvando algunas diferencias, los mismos
sentidos. Tendría también la posibilidad de huir de los depredadores. Si ha de
morir como presa, habrá tenido la oportunidad de escapar. Excepto que sea una
mascota, sus probabilidades de morir por una enfermedad o de manera natural son
casi nulas. Debería estar agradecido o disfrutando esa, su muerte humana, que
tiene la posibilidad de vivirla de viejo. El sacerdote sigue hablando, leyendo
un pasaje de la biblia ahora.
A
menos que se convierta en depredador. Se imagina como un viejo león, recostado
en la pradera, esperando la muerte. No tendría que escuchar a un sacerdote. A
lo sumo una o dos aves confundidas se acercarían y posarían sobre su cuerpo
para cerciorarse de si tiene vida. Parece que para morir como ser humano hay
que dar explicaciones. Estar en un hospital, ser despedido, recibir la extrema
unción, ser esculcado para definir si aún hay pulso. Hacer exposiciones con el
cuerpo y finalmente dejarlo pudrirse en una caja. Nadie pagará su funeral. Tal
vez en la tierra sea depositado como un NN. ¿Qué importa? ¿Acaso no será sólo
un montón de materia orgánica convirtiéndose en humus? Ya no será nadie.
De
todas las posibilidades, volver a ser humano es la más idiota.
Cada
vez le cuesta más respirar. El sacerdote sigue hablando. No hay nadie más en la
habitación. Tiene miedo. Ojalá todo termine de una buena vez. Y por favor, por
favor, señor (sacerdote, Dios, universo, destino... no sabe a quién rogar) que
no vuelva a empezar.
sábado, 12 de septiembre de 2015
Mariposa
No todos los días se encuentra
una mariposa sin miedo.
Ni todos los días dejamos de ser
sombras capaces de provocarlo.
Rara vez una de ellas
se encuentra con uno de nosotros.
En general sus alas
son las que nos atraen
y las alejan.
Porque ante todo,
dulce oruga,
la naturaleza fue discreta.
Al mismo tiempo que te dio belleza
te dio el mecanismo de defensa.
Sólo el día que dejás de escapar
el bien y el mal te encuentran.
miércoles, 2 de septiembre de 2015
Bajo las alas del Búho
No hay que esperar a que te lean. Hay que salir a leer. Y, si es posible, dejar un poco de alma en eso. Haceme caso; una sola sonrisa espectadora bastará para que sientas que valió la pena. Un solo cómplice contándote su historia te servirá para no bajar los brazos. No importa lo que hayas hecho hasta ahora, ni el camino que estés tomando. No hay rutas marcadas ni mapas ni coordenadas en la vida. Sólo el corazón, o las neuronas, o el alma, o lo que sea, es lo que te guía. Podés pegar el volantazo y cambiar el rumbo cuando quieras. El tiempo es tu combustible. Lo único que importa es que sigas el camino.
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